El señor X y la señora Y conversaban tranquilamente, una noche calurosa, en el parque.
La señora Y fumaba un cigarrillo, y tomaba un fernet con Coca-Cola, mientras que el señor X, que se encontraba frente a ella sentado, la miraba fijamente, y sostenía en su mano derecha un vaso con la misma bebida que bebía la señora Y, pero no tomaba, sino que miraba a su acompañante como con alucinación, enamorado completamente de ella.
Aclaración: Destaquemos que en esta historia, el señor X y la señora Y, son adolescentes, de aproximadamente unos 16 y 15 años, no deberían llamarse Señor y Señora, pero así son las cosas.
La señora Y se encontró incómoda por el silencio que abundaba entre ellos dos, y por los ojos del señor X que se clavaban fijamente en su rostro cual estacas en un piso de tierra (la peor metáfora de la historia).
La señora Y advirtió al señor X que deje de mirarla:
-Señor x, dejá de mirarme porque te vas a ligar una piña. Le dijo, amistosamente. Y el señor X no dijo ni 'mú' ante su amenaza, siguió mirándola con los ojos brillosos.
-Señor x, parece que te querés ligar una piña eh!, no me gusta que me miren fijo.
-Te juego una apuesta. La desafió el señor X
-Vamos a ver quién aguanta más mirandosé fijo sin reírse. Si ganás vos, me das un beso. Si gano yo... te doy un beso.
-AH, PERO VOS SOS MUY VIVO SEÑOR X, está bien, juego sólo por ver tu cara cuando pierdas, aunque el castigo no sea exactamente un castigo para vos. Le respondió, también desafiante, la señora Y.
Y comenzaron a mirarse muy fijamente. La situación duró menos de un minuto, cuando la señora Y soltó una sonrisa inevitable, y movió los ojos hacia abajo.
-PERDISTE! ahora me tenés que dar un beso, señora Y.
-Olvidate señor X, era una práctica, no estábamos jugando en serio
-Qué mal perdedora que sos, yo, cumplo con mi palabra.
-Claro, cuando te conviene. Y si yo te digo que si perdés, le tenés que besar el culo a ese perro ¿Cumplirías?
El señor X balbuceó... Y miró al perro, era chiquito, de la calle. Puso cara de asco, pero era tal el orgullo que llevaba a cuestas, que aceptó el desafío.
-Dale, vamos a hacerlo, si pierdo, le doy un beso en el culo.
Y comenzaron nuevamente las miradas. Esta vez, la señora Y se contuvo, y logró manterse seria, mientras que el señor X soltaba unas pequeñas muecas como queriendo reírse.
La señora Y sacó la lengua relamiéndose el labio, y el señor X no aguantó, se tapó la boca y comenzó a reír.
-PERDISTE VOS AHORA!. Le gritó orgullosa la señora Y
Y el señor X bajó la mirada, derrotado.
-Andá, dale un beso en el culo.
-Ni en pedo señora Y, ¿Quién te pensás que soy?
-¿Querés que te diga quién sos?... Un orgulloso de mierda, mal perdedor, mentiroso y cagón, eso sos.
-Já, si, claro. Vos sí le hubieses chupado el ojete a ese perro ¿No?
-Obvio que no, por eso, nunca te habría aceptado el desafío de besarle el culo al perro, porque sé que no lo haría.
-Andá, si vos sos igual que yo. Le contestó agresivamente el señor X a la señora Y.
-¿Yo, igual que vos? no querido, podemos ser parecidos, pero en ese sentido, somos lo contrario.
-Dejate de joder, el problema es que vos te conocés menos que los demás.
Hubo un silencio. Y el perro abrió los ojos y los miró cansado... ¿Cuántos adolescentes en proceso de discuciones estúpidas habrá visto ese animal, en ese mismo lugar? ¿O cuántas discuciones típicas adolescentes, pre adolescentes, o quizás adultas, habrá causado ese perro?, pero él seguía indiferente, puede no haber sido consciente de estar causando la separación total, tal vez, de dos personas que se amaban tanto, tal vez, se amaban tanto. O quizás sí es consciente, pero no le importa. O quizás, peor, es un perro maldito, que causa discuciones a todas las personas que pasan por ahí, por culpa de él...
Como sea, el silencio duró unos minutos.
El perro volvió a recostar la cabeza y cerró los ojos.
La señora Y lo miró al señor X y le dijo:
-Si vos creés conocerme mejor que yo, ¿Por qué no te anticipaste a esta discución?, deberías haber sabido que por un estúpido desafío íbamos a terminar discutiendo, como siempre. Ni siquiera te conocés a vos mismo, ¿y pensás conocerme mejor a mí?
Otro silencio...
El señor X se levantó y se dirigó hacia el perro. El perro subió la cabeza, con su mirada indiferente.
Rodrigo le dio un beso al perro en la cola, no precisamente en el culo.
-¿Contenta?
Y Emilia contestó.
-Sí, muy.
Y se fueron los dos felices, y abrazados.
Mientras caminaban, él intentó besarla, pero ella movió su cabeza con asco.
-Esperá hasta que llegués a tu casa y te lavés la boca, mejor.